
ordena hueco,
señala cómo,
adónde.
Nunca ví la iglesia
abandonada.
Lleno todo, todo
lleno de inglés
-no dice ni
mú-.
Repleto de ingles
frígidas. Piensan luego
existen
sin sudar
casi
sin sufrir.
Aquí hay cosas que escribo, en general son versos. Ahora no hay fechas. Agradezco todas las críticas. No todo empieza con A.




Almidonar los latidos, que suenen
exactos,
sincronizados;
impedir el sobresalto,
la angustia:
Vivir así en calma, sonreír cuando se debe
y no sentir
dolor
de sonreír sin sentido.
Querer sonreír sin sentido,
querer amar
en calma. Ser medida,
sin llegar a fría
o por ahí un poco.
Un poco muda
y otro
sorda.
Ser suficiente para mí.
Tenerme segura,
tenerme colmada,
tenerme saciada,
no importunar.
No importunar con reclamos
sin sentido:
“Vivir y dejar vivir”.
Eso, vivir,
no morir sin
¿quién?
No morir
por ningún motivo
sino después de haber
trabajado,
después de haber amado
con medida
y por medida
tener hijos,
tener techo
y ser limpia.
Querer todo eso
con toda el alma.
Tener alma,
velorio
y entierro.
Y mientras:
cantidad razonable de amigos razonables,
con relaciones corteses,
impecables bajo el ojo
de la madre. Que siempre es madre.
Cuya vagina
tiene el poder de crear lazos
más fuertes que el amor,
más fuertes que entender:
Lazos carnales
que son el suelo de todos
y cuyo desprecio
se torna sospechoso porque
¿Cómo no amar a tu madre?
y cómo no a tu padre,
y cómo no a tu abuelita.
Habiendo salido de aquella carne
que guardó tu carne
y seguro guarda
tu mente,
con primoroso cuidado,
para ser como se debe
-cada día-
y almidona tus latidos
-cada noche-.
Por esas noches en que una sueña.
Cosas posibles,
locas,
inconvenientes.
Que es mejor
olvidar.
sobra espacio.