subeybajas






Abri mos la puerta

ruinas de ciudad

de subeybajas en veredas.

Abrimos ésta

aquí la mujer

demasiado fuerte para este mundo.

Abrimos:

Estación Ministro.

Despacito
nos vamos

dicen

"cárcel".

Decimos otra cosa

de lejos.

Cada puerta augura puertas.

Inaugura mos recuerdo y nombre.

Luz que ciega.

Vamos esta vez

como fuimos esa vez

y fue la primera vez.

Dormidos con el gesto del padre.

La puerta al dormitorio.

Nos vemos

dormidos
boca abajo.

Otra huella la misma.






tantas cosas



Sobre este moretón
edifico mis ojos.


Nací.


Hago promesas
con un precio
por las nubes.
Y tantas otras cosas.


Tres veces digo NO
y otra vez
¡Blúumm!


Una vez pensé una meta
buena
para mí.
Nunca supe bien cuál era
así que no sé
a dónde
no llegué
¡pero es tan cierto
que no llegué!


Si
"Deseoso es aquél que huye de su madre"
sé que deseo
pero no sé qué.


Duermo como ví dormir.
(La terapia no quita eso.)











ahora gárgola

para Aarón
*



Sos
el durazno del sueño
la manzana en los mitos.
Tu olor
despertó a la gárgola
oculta en esta boca.
Sos
lo mejor de algo
trunco y perdido
en los ojos.
Un tiempo que no fue.
*
Ahora gárgola
boqueo en la sombra
asfixio tu falta
con gesto de vómito.
Antes de pudrirte
entero y lejano
prendido aún
al árbol prohibido
te huelo a punto
en puntas de pie.
Me hacés crecer
ya caída y rota.
*
Sobre estos pies
maduros
sé alejarme.
*
*
*












SUJETA


Asedia la normalidad
y te quedás sin dientes.
Con qué cortar
hilos y cuerdas?
Todas esas indicaciones
de la gente
sobre cómo ser
se pegan:
engrudo al estómago.
Ajena a tu cuerpo
como toda mujer
después de biblia y moda.
Enredada y maniobrable,
tu sueños huelen
a sótano
de edificio público.
Y decís que tu modo de fracasar
es por ahí lo más
genuino y original
que ofrecer.
Tironeada por cabos
de insuficiencia y necesidad:
una triste chica
de mediana estatura
y problemas de piel
en un mundo curtido
y secreto
como el hombre
más cruel.
Perdida entre iguales,
gris
china entre chinos.
Pasajera de unos días,
extranjera a vos misma.
Bailás al compás
de los dedos sociales,
o, suelta de padre, caés
y no encontrás
un solo impulso que sostenga.
Sin equilibrio, temblorosa,
temerosa de ser
de las que hablan solas
por la calle,
sabés que no sabés pararte.
Y, como el mundo no perdona,
agradecés la mediocre
habilidad
que permite simular
el paso indicado de vivir
como todos.
Y dibujás la pose
de quien sabe

cómo
y a dónde ir.