Lo vi, parado, sacar sus manos huesudas, largas, blandas, para actuar. Vi su frente sudada y la articulación de las piernas abiertas, quebrada hacia atrás. Lo vi frágil en un cuerpo demasiado largo. Sus huesos apenas soportando la altura. Demacrado como quien no come bien y comienza a consumirse. Su lengua entró y dije puedo pasarlo bien sin verlo. Cualquiera gustaría de esos ojos claros y esa boca. Si no fuera que me alejan los rostros angulosos y magros bajo pieles que no alcanzan a suavizar el esqueleto. Vi colgar sus pantalones como el recuerdo de un cuerpo sobre el fantasma. Fantasma más cercano a mí por miseria y angustia que aquel cuerpo de hace más de diez años. Los años pasaron sobre mí y dijeron que no corriera por nada y si lo hacía que no notaran mi aliento agitado y la ansiedad de ser alguien en un mundo ajeno. Los años pasaron sobre él como una lija que mordió su carne y sus grasas para dejarlo exánime frente a una hijita. Pero también más etéreo y flexible a lo duro. Su hablar es tan sincero como su cuerpo vulnerable. Pienso en mis piernas, tensas como mis pensamientos, y me digo algo nos pasó y lo hicimos distinto.
Dado

Como un dado
me tiro.
Miro y remiro
los signos de un sentido
una suerte.
Como un rompecabezas
rompo
mi cabeza
y espero que no falten
jugadores
piezas.
Como si tuviera todo
a la vista
para decirme quién soy
qué hacer
qué deseo.
No puedo
dejar de intentar
dominar el dominó.
Ordenar fichas:
otro modo
infelíz
de perderme.
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